La marcha de los pueblos originarios desafía la historia oficial
- 21 oct 2024
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Por: Angel Aquino
Los tambores y trompetas resonaban con fuerza, acompañados por el eco de consignas que reclamaban justicia y memoria: "¡Adelante, adelante, que la lucha es constante!", repetían con determinación cada uno de los participantes.
Algunos de ellos habían salido de su lugar de origen desde las 3:00 a.m., mientras otros venían de distintas partes de América. Era 12 de octubre, un día que para miles de guatemaltecos no es de celebración, sino de resistencia.
Con el cielo gris como testigo, las voces de los pueblos indígenas se alzaban una vez más, recordando que la historia oficial, que celebraba el "Día de la Hispanidad" o la "Llegada de Colón a América", silenciaba siglos de lucha, opresión y resistencia.

Foto: Angel Aquino
La Sexta se pintó de coloridas banderas y atuendos tradicionales; vibraba al compás de la indignación y el orgullo. Hombres, mujeres, ancianos y jóvenes caminaban juntos, exigiendo que su historia fuera contada desde su propia voz: "¡Únete a la lucha, escucha al pueblo!"
Aunque el clima era frío y nublado, cada paso que los manifestantes daban los llenaba de pundonor y energía renovada, para seguir su camino hacia la Plaza de la Constitución, que serviría como punto de encuentro para los distintos pueblos originarios.
Margarita Choc, una mujer de caminar lento pero decidida, sostenía una bandera sobre su hombro. Con la mano alzada, lanzaba un grito que se unía al eco de la multitud: "¡El pueblo unido jamás será vencido!" De vez en cuando, tomaba un sorbo de agua de una bolsa, recuperando el aliento antes de continuar.
Al llegar a la plaza, fueron recibidos con palabras cálidas por Thelma Cabrera, activista de CODECA y política guatemalteca de ascendencia maya Mam. Con un micrófono en la mano y la mirada firme, dijo: "Buenos días, hermanos y hermanas. Sean bienvenidos y bienvenidas. Hoy estamos reunidos porque es un reencuentro de pueblos originarios, a través de sus representaciones".
El clamor era el mismo; la unidad se sentía en aquella plaza, centro del poder en Guatemala, que ha sido testigo, a lo largo del tiempo, de innumerables hechos históricos. Ese día se convirtió en el punto de encuentro de los distintos pueblos originarios, un escenario donde le gritarían al mundo su versión de la historia.
Allí, entre diferencias de idioma, vestimenta y hasta nacionalidad, se alzaba una verdad común que los unía: siglos de represión desde los tiempos de la conquista. Thelma Cabrera, con voz firme y el rostro iluminado por la convicción, instó a la articulación de los pueblos para liberarse del "sistema asesino e invasor". Sus palabras resonaban como un llamado urgente, un eco que pedía ser propagado por cada rincón del país, para que más personas se sumaran a la lucha.
Ya con el cielo despejado y el sol incandescente iluminando la plaza, los representantes de los distintos pueblos indígenas mesoamericanos tomaban turno al micrófono. Uno por uno alzaban sus voces, expresando el dolor, las ideas y los sentimientos de sus comunidades, golpeadas por la indiferencia social y el racismo durante siglos.
"Las balas se acaban, pero el pueblo es inmortal", vociferó Juan Carlos Cordero, representante del pueblo aimara. Acto seguido, Willy Contreras, con la bandera del pueblo quechua ondeando en sus manos, tomó la palabra. "Nos encontramos sobre estas tierras donde hace más de 500 años comenzaron los genocidios. Hoy mi voz tiembla, no solo como quechua, sino como sobreviviente. Celebro estar aquí, con ustedes, recordando que la lucha sigue presente", pronunció con la voz entrecortada por la emoción.

Foto: Angel Aquino
El ambiente se impregnaba de un sentimiento colectivo que parecía brotar desde lo más profundo de la historia compartida. Desde una tarima improvisada en el centro de la plaza, Arcenia Álvarez, portavoz del pueblo garífuna de Honduras, se sumó al clamor. Con determinación, señaló que su comunidad también había vivido entre represión, asesinatos y persecución, agravada por el racismo que sufre su gente debido al color de su piel.
Finalmente, César Pilataxi, del pueblo kayambi de Ecuador, cerró su participación con una frase que resonó entre los presentes: "Somos como la paja del páramo; aunque nos corten, volveremos a repoblar el mundo". Además, hizo énfasis en que sus territorios no se negocian ni se venden, que las aguas y las culturas no se transfieren, sino que se defienden. "Unamos nuestros esfuerzos y corazones", concluyó, su voz vibrante encendiendo aún más el espíritu de la multitud.
El ambiente en la plaza era de unidad. La marcha no era un simple desfile de colores, culturas e ideales; era el cúmulo de memoria histórica materializado en consignas, discursos y carteles que trataban de exteriorizar las historias no contadas de los pueblos originarios. Era un recordatorio claro: las batallas del pasado aún duelen, pero la lucha por la justicia sigue más viva que nunca.


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