Guatemala: una tierra sembrada entre la lucha y la represión
- 21 oct 2024
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Actualizado: 21 oct 2024

Fotografía: Camila Cano
A lo largo de la historia los habitantes de Guatemala han quedado en la intemperie de un ambiente político que arrasa con aires de violencia, cooptación y desigualdad, destruyendo así todo rastro de armonía; sin embargo, en tiempos de incertidumbre, los seres humanos a lo único que se aferran es a la esperanza de un futuro mejor.
Tras largas temporadas de dictaduras donde la represión atormentaba la paz de los ciudadanos, un grupo de civiles, estudiantes y sindicales decidieron ponerle fin a ese oscuro gobierno ubiquista del militar Federico Ponce Vaides.
Y es así que un viernes 20 de octubre de 1944, florece de un suelo que se creía estéril, la esperanza, la democracia, la libertad de prensa y el progreso de una Guatemala que por un momento se había considerado perdida en un remolino totalitarista.
Nuestros abuelos y abuelas fueron testigos de una época llena de buenos pronósticos en Guatemala durante la década de 1944 a 1954. Durante este tiempo, esa nación casi utópica, permitió que miles de trabajadores tuvieran jornadas dignas con salarios justos, le dio valor a la voz de las mujeres y abrió un futuro prometedor para los estudiantes.
Es de imaginarse que cada mañana al ver salir el sol los guatemaltecos sintieran que esa esperanza (por mínima que haya sido) valió la pena, porque su voluntad al final del día, se estaba respetando y las nubes grises se habían marchado hacia otros horizontes.
Sin embargo, tras la renuncia de Jacobo Árbenz provocada por un Golpe de Estado, el país volvió a caer en un hoyo de violencia política que parecía ser definitiva, pero los ideales de lucha, libertad e igualdad se mantuvieron frescos gracias a la brisa de esperanza que indicaba que en algún momento esos días de primavera, al igual que los brotes de ceiba, iban a renacer con el pasar de los años.
La caótica naturaleza guatemalteca del siglo XXI estaba marcada por el miedo, la represión y el duelo de generaciones anteriores, por lo que el hedor a resignación se respiraba en cada rincón del país y cada cuatro años se asistía a las urnas con el único objetivo de votar por el candidato "menos peor", lo cual solamente era un chiste mal contado, porque todos los postulantes estaban hechos con la misma madera y solo traerían más desgracias a la nación.
No obstante, esos rayos de esperanza empezaron a iluminar el cielo guatemalteco cuando el pueblo se unió para, al igual que en la revolución del 44, hacer respetar su deseo común de cambio. El objetivo era claro, defender lo único que les pertenecía: su voto.
Ese voto de confianza, que al principio parecía carecer de fuerza, se transformó en el motor de lucha para recuperar no solo la seguridad en la política, sino también en la humanidad.
Este año, la lluvia del 20 de octubre roció las semillas de reivindicación, que hace apenas un par de meses fueron sembradas por cada voto depositado en las urnas.
“Ellos pueden matar a nuestros dirigentes, pero mientras haya pueblo, habrá revolución”, fueron las palabras finales del discurso de Oliverio Castañeda el 20 de octubre de 1978. A pesar de las adversidades, 46 años después no solo se le dio la razón a esa trágica, pero visionaria afirmación; además, se demostró que no son solo los líderes políticos quienes generan un cambio, sino que es la esperanza de la población depositada en las luchas las que provocan las verdaderas revoluciones.


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